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Una mujer partida en dos: o la verdad de toda mujer

La indagación por las vicisitudes del deseo femenino y el tránsito que recorre una niña hasta convertirse en una mujer son tópicos de vasta exploración, la así llamada "educación sentimental" ha sido abordada no solo en la literatura, también por el cine.

La indagación por las vicisitudes del deseo femenino y el tránsito que recorre una niña hasta convertirse en una mujer son tópicos de vasta exploración, la así llamada «educación sentimental» ha sido abordada no solo en la literatura, también por el cine. Sin embargo, el director francés Claude Chabrol va un poco más allá, y emprende en este film un viaje por estos temas a través de un género conocido y que no goza en estos tiempos de buena reputación: se trata del clásico melodrama romántico. Pero su talento y su aguda observación sobre las relaciones humanas, no se agotan solo en el manejo de las reglas del género romántico, necesariamente se van a fusionar con otras temáticas de sus clásicas obsesiones ya plasmadas en notables films, como son: el crimen pasional, la maldad, la hipocresía y la moral de la sociedad burguesa. Con esta mezclar creativa es posible entonces dar un paso mas allá del típico triángulo amoroso y de las leyes de la atracción y del amor romántico. En este film bajo esta temática clásica se esconde un ejercicio de reflexión crítica donde poco a poco se develan las crueles dinámicas y los oscuros lazos que una sociedad burguesa esconde tras el disfraz de las apariencias, las formas y los discursos que ocultan las armas del poder y la dominación subjetiva, la basura y la mentira humana. Así la cuestión de los dobleces y de las divisiones se va introduciendo sutilmente en el desarrollo del film.

«Una mujer partida en dos», La fille coupée en deux, que literalmente se traduce como: Una niña partida en dos, no es sólo un drama de celos y crimen pasional, o sólo un film sobre la educación sentimental y el duro tránsito que deberá atravesar una niña para ingresar en el mundo de los adultos, un mundo sórdido e hipócrita. La propuesta toma una figura específica: el convertirse en una mujer conllevará transitar inevitablemente por la cuestión de la división, así la tesis lacaniana de La mujer que no existe y de su división estructural nos es presentada en este film a través de los conflictos permanentes por los que atraviesa la joven protagonista, por un lado el paso de niña a mujer pero también, y quizás lo más interesante, la de una mujer que estará por siempre divida: entre la puta o la santa y/o entre la madre y la mujer.

Gabrielle Deneige es la «chica del tiempo» en un canal de televisión de provincia, la acción del film transcurre en la ciudad de Lyon, al este de Francia. Su juventud, belleza e inocencia, la convierten en un foco de atracción inmediata. Vive sola con su madre que trabaja en una pequeña librería. Gabrielle es su única preocupación, no hay hombres en su entorno salvo un tío.

Su tranquila existencia se verá alterada por la seducción de dos tipos de hombres: El tipo joven y el hombre maduro. Será acosada por un joven millonario, miembro de una familia católica tradicional atrapada en las redes de la representación social, acostumbrada al uso del poder y el dinero para conservar su prestigio social. Su fortuna proviene de los laboratorios de un padre fallecido. Sin embargo, y a pesar de su respaldo social y económico, el chico millonario, Paul Gaudens se comportará en lo amoroso como el niño mimado de mama, impulsivo, caprichoso, sobreprotegido. Con la inmunidad que le da el dinero y el poder de su poderosa familia se siente dueño de la ciudad y del mundo, para el todo es posible salvo cautivar el amor de Gabrielle.

Su antagonista es Charles Saint Denis (François Berléand) que luego sabremos que se anexo el Saint (Santo) a su nombre. Es un célebre escritor cincuentón, casado desde hace varios años con una mujer a la que el mismo llama su «santa», Charles es un mujeriego, sarcástico, levemente pervertido, un observador desencantado y escéptico del mundo y que voluntariamente se ha retirado a la provincia. Desprecia el mundo que le rodea pero convive con él, es un seductor que no vacila en atrapar rápidamente a Gabrielle. Su forma de ser y actuar representan otro tipo de masculinidad, aparenta ser un hombre sin vacilaciones ni tapujos, seguro de sí mismo, directo en mostrar sus intenciones sexuales al mismo tiempo que delicado y sofisticado en su tono y actitud, tiene experiencia con las mujeres, sabe crear sobre su persona un halo de sabiduría, profundidad y misterio que resultará irresistible para la joven Gabrielle. Para desgracia de Paul, Charles si logrará despertar el deseo de Gabrielle, la trata como un ángel pero también como a una puta, introduciendo ya la división en la mujer. Procurará enseñarle a la Gabrielle como es el mundo de los adultos, la hace mujer haciéndola transitar desde la niña hacia la puta, la trata en ocasiones como un objeto, la humilla pero al mismo tiempo la hace sentir la única y probablemente la última de la serie de mujeres que suele seducir, le crea la ilusión de la excepción entre todas las mujeres, fantasía irresistible para una histérica. Bajo esa retórica amorosa no hay quien resista entregarse.

El cuarto personaje de este triángulo, aunque mas oculto lo constituye la edad, la pregunta por ¿cuando se está viejo? y ¿cuando se es joven? son interrogantes que circulan durante casi todas las acciones del film, ¿cuando se pasa de a la adultez, y cuando se sigue siendo un niño?

Entonces vemos que aquello que comienza como un típico triangulo amoroso, entre una mujer y dos hombres, transitará en dos planos simultáneamente, en el primero se adentrará en la lógica del tercero excluido como condición del deseo, y el segundo señalará las necesarias desilusiones por las cuales se ingresa al mundo de los adultos.

Para Chabrol, lo adulto no significa necesariamente madurez emocional, sino saber y aprender a jugar con el poder, saber enmascarar y disfrazar intereses egoístas de maneras un poco mas sofisticadas. Lo adulto es, en este contexto, básicamente un mundo cínico, cruel y despiadado, que como los magos crea ilusiones.

En el nivel de las relaciones entre los sexos y tal como Freud ya lo describiera en su Psicopatología de la vida amorosa, Chabrol nos muestra de que manera el «tercero», se transforma y funciona en muchos casos como un operador estructural para el desencadenamiento del deseo, pues en los tres personajes está presente un tercero como telón de fondo de cada relación, Saint-Denis es un hombre casado, Gabrielle tiene un amante y Paul una madre, esa condición de nunca poder atrapar al objeto curiosamente estimula el deseo. Sin embargo, tal condición, atractiva en un comienzo, finalmente será el resorte que volverá insoportable la existencia para el mas débil de todos los personajes, Paul no lo soportará y pasará al acto, la tensión de saber que su mujer no es toda para él sino que siempre habrá un otro, introduce una rivalidad imaginaria que lo conduce ciegamente a eliminar a su competidor y pasar al crimen pasional.

Lo que viene luego son las artimañas y maniobras legales, económicas y emocionales destinadas a evitar las responsabilidades que implica un acto homicida en un joven rico y poderoso, y aquí la protagonista es la madre de Paul, que utiliza todos sus recursos para conseguir ese fin y en una secuencia de notable actuación persuade a Gabrielle para que su declaración sirva como un atenuante de la pena y favorezca a su hijo. Y esta lo hace apelando a su condición de madre conmoviendo a la parte madre que habita en Gabrielle, otra vez dividida. La madre de Paul, mujer con experiencia sabe que en toda mujer habita también una madre, y de manera elegante la manipula hasta conseguir su objetivo.

Quizás, al espectador no advertido con los diferentes niveles del film, le sorprenda la última secuencia, le resulte enigmática y aparentemente separada de toda la estructura temática de la película. Gabrielle será invitada por su tío a colaborar en un clásico truco de magia, partir una mujer en dos y luego (y ese es el truco) volverla a ser una. Lo interesante es que Chabrol ocupará para la puesta en escena del truco de magia, los mismos elementos que participaron en la escena de la iniciación sexual perversa de Gabrielle , pero ahora les introduce otro sentido. Vemos las escaleras, las llaves, una conserje algo sospechosa, un departamento ubicado en lo alto de las escalares, una invitación deshonesta, sólo que esta vez la conducen al escenario del truco. Una gran sierra parte a Gabrielle en dos, ella llora pero…. finalmente sonríe.

Será porque ya sabe, secretamente, que dejó de ser una niña blanca como la nieve. El corte tuvo su efecto, fin de la ilusión.

Miguel Reyes Silva